viernes, 14 de febrero de 2014

Tradución sonetos Shakespeare.

99
Acusé a la violeta de este modo:
Dulce ladrona, cuyo olor tan dulce
Tomaste del aliento de quien amo,
Y el purpúreo orgullo de tu rostro
Teñiste en la sangre de sus venas.
Culpé al lirio de hurtar tu mano blanca,
De quitarte el cabello a la sarilla;
Las rosas erizaron las espinas,
Con rubor una, pálida la otra.
Ni blanca ni roja, una tercera
A tu hálito unía ambos colores,
Mas no pudo ufanarse de su robo:
Corrompíala el cancro, vengativo.
Y no vi flor alguna que no hubiese
Arrancado de ti color o aroma.


100
Oh musa, ¿dónde estás que has olvidado
Celebrar la fuente de tus fuerzas?
¿Dilapidas tu ingenio en vil asunto,
Alumbrando bajezas te oscureces?
Redime presurosa, en versos nobles,
Esas horas, oh musa, que perdiste;
Canta a quien estima tus canciones
Y a tu pluma inspira arte y argumento.
Observa, musa, el rostro del amado,
Y si el Tiempo de arrugas lo surcara
Al Tiempo satiriza, y sus estragos
Haz blanco de tus burlas desdeñosas.
Más alada que el Tiempo sea la fama,
Rescatando a mi amor del corvo acero.

La de literatura

4 comentarios:

  1. El Cristo yacente de El Pardo o Cristo de El Pardo es una escultura barroca de principios del siglo XVII, tallada en madera policromada por Gregorio Fernández (1576-1636). Está considerado como una de las obras maestras del citado escultor.

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  2. Gregorio Fernández (1576, Sarria, provincia de Lugo - 22 de enero de 1636, Valladolid), fue un escultor español del Barroco, máximo exponente de la escuela castellana de escultura.

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  3. esta es la mejor del soneto 99

    Acusé a la violeta de este modo:
    Dulce ladrona, cuyo olor tan dulce
    Tomaste del aliento de quien amo,
    Y el purpúreo orgullo de tu rostro
    Teñiste en la sangre de sus venas.
    Culpé al lirio de hurtar tu mano blanca,
    De quitarte el cabello a la sarilla;
    Las rosas erizaron las espinas,
    Con rubor una, pálida la otra.
    Ni blanca ni roja, una tercera
    A tu hálito unía ambos colores,
    Mas no pudo ufanarse de su robo:
    Corrompíala el cancro, vengativo.
    Y no vi flor alguna que no hubiese
    Arrancado de ti color o aroma.

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  4. ¿Dónde estás, Musa mía, que por tiempo te olvidas,





    contarme todo aquello, que te da tanta fuerza?
    ¿O es qué gastas tu rabia en otro indigno canto,
    dando sombra a tu fuerza y luz al vil sujeto?









    Regresa, Musa ausente y con prisas redime, 5

    con tus gentiles rimas el tiempo malgastado,


    canta para el oído que aprecia lo que pones,


    y da a tu pluma temas y a la vez maestría.



    ¡Levanta, Musa vaga! Ve la faz de mi amor,


    y si el Tiempo ha grabado en ella sus arrugas, 10

    al verla, sé, satírica, con esa decadencia,


    y haz que el daño del Tiempo se desprecie en el mundo.



    Dale fama a mi amor, ante el afán del Tiempo,


    y prevén su guadaña y su cuchillo corvo.

    esta es la mejor del soneto 100

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